Para esta semana la práctica cambiaba un poco respecto a las anteriores. Teníamos que presentarnos a un concurso que se organizaba en el Civivox sobre los rincones de Pamplona. No sabía a qué fotografiar. Descarté todo lo que era el Ayuntamiento, la Ciudadela, Estafeta... todas esas partes de Pamplona que aparecen en todos los libros sobre la ciudad. Pensé en algo distinto, algo que no había visto en ningún sitio.
Antes de vivir donde ahora vivo, vivía en la torre de Gómara, uno de los edificios más altos de la ciudad. De pequeño siempre subía al piso número diecinueve a ver cómo aterrizaban los aviones. Así que me acordé y cogí las llaves que aun guardo de mi antigua casa y fui hacia allí. Como me suelen dar calentones, por una vez pensé. Pensé que sería mucho más bonito fotografiar el parque de Yamaguchi por la noche así que esperé hasta las siete de la tarde para poder sacar las fotos. Subí y fotografié sin problemas. El despiste y yo somos sinónimos. No me acordaba que había dejado el coche mal aparcado y un municipal me estaba multando. Supliqué que no me multase que no me había dado cuenta, que había subido sólo a dejar una cosa a mi casa y por una vez me quitaron la multa.
Para la otra fotografía, al ser ya de noche pensé en un sitio bonito, la plaza de Merindades. Con los coches en movimiento pensé que me podía quedar más o menos bien. Así que esto ha sido una experiencia más porque decir un premio más no sirve porque no me ha llamado nadie.
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